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Caja Popular Mexicana ha impactado la vida de niños, adolecentes y jóvenes al incluirlos en el sistema financiero mexicano, a través de cuentas de ahorro que representan inclusión financiera.

La cooperativa fue reconocida en la ceremonia de los Premios al Mérito Cooperativo 2025; Construyendo un México Mejor, organizada por la Comisión de Economía del Senado de la República.

En esta edición, en la que participaron 28 cooperativas nacionales, Caja Popular Mexicana recibió cuatro reconocimientos que subrayan su labor a favor de la inclusión financiera y la formación de nuevas generaciones. Por su colaboración en la población de 1 a 17 años y de 19 a 30 años de edad.

El 16.2% de las cuentas activas de Caja Popular Mexicana, con socios activos de 19 a 30 años, lo que representa más de 610 mil personas en 28 estados de la República y que están activos en las 501 sucursales actuales.
En menores de edad, la cooperativa tiene ligadas a cuentas de tutores más de 307 mil niños menores de 18 años, cifra reconocida por las autoridades legislativas de México.

Los reconocimientos que fueron otorgados a Caja Popular Mexicana son:

· “Mayor participación de socias y socios jóvenes (19 a 30 años)”

· “Mayor participación de menores ahorradores (de 1 día nacido a 17 años)”

Estos reconocimientos reflejan el trabajo sostenido de CPM para impulsar la educación financiera temprana, fomentar el ahorro entre niñas, niños y adolescentes, además de fortalecer la participación juvenil dentro del modelo cooperativo.

Muchas de las cuentas de los socios jóvenes están orientadas al emprendedurismo en el país.

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Debido a la popularidad de la película The Brutalist y a la exposición Brutalismo Arquitectónico en México, exhibida en el Museo de Arte Moderno de CDMX y que concluye el 07 de abril del 2025, he querido publicar este texto sobre las influencias brutalistas en la arquitectura cancunense.

Comenzaré entonces por el origen del término brutalista.

El artista francés Jean Philippe Arthur Dubuffet (1901-1985), muy destacado a mediados del siglo XX, acuñó el término Art Brut, como resultado de sus investigaciones a partir de realizaciones artísticas hechas por niños, personas con retraso mental, reclusos, etc, es decir un arte fuera de las normas académicas.

Y Brutalismo fue el nombre con el que el crítico inglés Reyner Banham bautizó a la nueva arquitectura creada al terminar la Segunda Guerra Mundial, cuyas obras resultaban tan duras a la vista como al tacto, digamos también fuera de la estética tradicional.

El brutalismo, se caracteriza por su intencionado feísmo y estética tosca inspirada en las obras de ese momento del afamado arquitecto Le Corbusier, quien solía referirse al concreto como betún brut e influyó con su arquitectura de concreto haciendo lucir las marcas de la cimbra, sin recurrir a ningún recubrimiento o pintura.

Por otro lado, los arquitectos de la posguerra también estuvieron influidos por las fortificaciones alemanas, creadas durante la guerra como frentes de defensa; hechas con rapidez de manera económica y práctica, exponiendo la textura y color natural del concreto armado.

Durante los años cincuentas esta nueva corriente arquitectónica fue ganado seguidores, quienes a pesar de contar con los recursos económicos para producir obras ornamentadas, refinadas y recubiertas de diversos acabados, prefirieron la textura rugosa, tosca y dura del concreto.

El brutalismo llegó a los Estados Unidos y prontamente a México, donde encontró a grandes seguidores en los años setentas como Abraham Zabludovsky, Teodoro González de León, Orso Nuñez, Agustín Hernández,… la lista es larga.

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