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Durante décadas el turismo mexicano se medía en noches de hotel, fotos frente al monumento y compras de último minuto en el aeropuerto. El viajero nacional dejó de “salir de vacaciones” para diseñar experiencias personales: quiere descansar, aprender, sanar, socializar, producir y hasta trabajar mientras viaja.

Hoy la ecuación cambió.

Bienvenidos al perfil del Nuevo Viajero Mexicano 2026.

Del paquete al propósito

La principal transformación no es tecnológica, es mental.

Antes el turista preguntaba:

¿Qué puedo visitar?

Hoy pregunta:
¿Qué voy a sentir?

El viaje dejó de ser una pausa y se convirtió en una extensión de la identidad.

Por eso ahora predominan tres decisiones:

• Menos días, pero mejor elegidos
• Menos destinos, más inmersión
• Menos lujo material, más lujo emocional

El nuevo viajero compra recuerdos internos, no imanes para el refrigerador.

La era de los viajes cortos (pero constantes)

La agenda laboral y la hiperconectividad redefinieron el calendario turístico.

El fenómeno: “Microvacaciones”
El mexicano ya no espera Semana Santa o verano.

Prefiere escapadas estratégicas durante todo el año.

Patrones 2026

• 3 a 5 viajes anuales promedio
• Estancias de 2 a 4 noches
• Reservaciones con 10-15 días de anticipación
• Decisiones motivadas por clima, eventos o estado emocional

El fin de semana largo ahora es un producto turístico premium.

Bleisure: trabajar viajando ya no es privilegio

La pandemia abrió la puerta, pero el 2026 la convirtió en norma.

Trabajo + placer = Bleisure

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Debido a la popularidad de la película The Brutalist y a la exposición Brutalismo Arquitectónico en México, exhibida en el Museo de Arte Moderno de CDMX y que concluye el 07 de abril del 2025, he querido publicar este texto sobre las influencias brutalistas en la arquitectura cancunense.

Comenzaré entonces por el origen del término brutalista.

El artista francés Jean Philippe Arthur Dubuffet (1901-1985), muy destacado a mediados del siglo XX, acuñó el término Art Brut, como resultado de sus investigaciones a partir de realizaciones artísticas hechas por niños, personas con retraso mental, reclusos, etc, es decir un arte fuera de las normas académicas.

Y Brutalismo fue el nombre con el que el crítico inglés Reyner Banham bautizó a la nueva arquitectura creada al terminar la Segunda Guerra Mundial, cuyas obras resultaban tan duras a la vista como al tacto, digamos también fuera de la estética tradicional.

El brutalismo, se caracteriza por su intencionado feísmo y estética tosca inspirada en las obras de ese momento del afamado arquitecto Le Corbusier, quien solía referirse al concreto como betún brut e influyó con su arquitectura de concreto haciendo lucir las marcas de la cimbra, sin recurrir a ningún recubrimiento o pintura.

Por otro lado, los arquitectos de la posguerra también estuvieron influidos por las fortificaciones alemanas, creadas durante la guerra como frentes de defensa; hechas con rapidez de manera económica y práctica, exponiendo la textura y color natural del concreto armado.

Durante los años cincuentas esta nueva corriente arquitectónica fue ganado seguidores, quienes a pesar de contar con los recursos económicos para producir obras ornamentadas, refinadas y recubiertas de diversos acabados, prefirieron la textura rugosa, tosca y dura del concreto.

El brutalismo llegó a los Estados Unidos y prontamente a México, donde encontró a grandes seguidores en los años setentas como Abraham Zabludovsky, Teodoro González de León, Orso Nuñez, Agustín Hernández,… la lista es larga.

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