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Durante años la conversación gastronómica mexicana parecía tener dos nombres inevitables: Ciudad de México y Oaxaca. Pero la cocina, como el fuego, siempre busca nuevos caminos.

Hoy México vive una revolución silenciosa: ciudades que antes eran escala se han convertido en destino. Lugares donde no solo se come bien… se come con identidad.

El viajero gastronómico ya no persigue restaurantes famosos; persigue historias que se puedan morder.

Mérida: tradición que evoluciona sin perder acento

En Yucatán, la cocina nunca fue moda; fue memoria.

Lo nuevo es la manera de contarla.

Chefs jóvenes reinterpretan la cochinita, el recado negro y el pib con técnicas contemporáneas, sin quitarle su alma.

Aquí el plato llega con explicación: quién sembró el maíz, quién molió la pasta y por qué el chile no se toca con prisa.

La ciudad se volvió laboratorio culinario sin dejar de ser hogar.

Comer en Mérida es entender que la modernidad no reemplaza la tradición… la traduce.

Ensenada: el mar convertido en menú

Si el Pacífico pudiera hablar, sabría a Ensenada.

La ciudad fronteriza dejó de ser parada de carretera para convertirse en referencia gastronómica internacional.

Producto fresco, cocina sin artificios y creatividad espontánea construyen una experiencia directa: aquí el ingrediente manda.

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Tostadas de erizo, almeja recién abierta, vino cercano y cerveza artesanal convierten cada comida en geografía.

El lujo es la proximidad: del mar al plato pasan minutos, no kilómetros.

Guadalajara: la nueva sofisticación mexicana

Guadalajara cambió el mariachi por el matiz.

La capital jalisciense vive un momento culinario refinado donde conviven:

• Cocina tapatía reinterpretada
• Mixología de autor
• Panadería artesanal
• Cafeterías de especialidad

Aquí la tradición no desaparece; se estiliza.

La birria, el maíz y el chile se vuelven contemporáneos sin perder su esencia callejera.

El viajero descubre que la elegancia también puede ser mexicana.

Puebla contemporáneo: barroco comestible

Puebla siempre tuvo grandeza culinaria.

Hoy la está narrando de otra manera.

Nuevos proyectos recuperan el mole, el pipián y los dulces conventuales desde técnicas actuales. No se trata de modernizar por moda, sino de devolverle protagonismo al ingrediente.

El barroco poblano ya no solo está en las iglesias: también está en el plato.

Cada bocado es complejo, profundo y equilibrado. Como la ciudad misma.

El viajero gastronómico del presente
El nuevo turista no pregunta “¿qué hay para comer?”

Pregunta “¿qué define este lugar?”

Por eso estas ciudades crecen: ofrecen identidad antes que tendencia.

La gastronomía se volvió razón de viaje, no actividad secundaria.

Se planean rutas culinarias, se reservan mercados y se agenda el desayuno antes que el museo.

México se sigue cocinando

La cocina mexicana siempre fue infinita, solo necesitaba nuevas voces. Hoy el país demuestra que su riqueza culinaria no pertenece a una región, sino a todo su territorio. Cada ciudad aporta un acento distinto al mismo idioma: el sabor.

Porque al final, viajar por México es entender algo sencillo: la mejor forma de conocer un lugar es probarlo.

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Les doy la más cordial bienvenida a Revista Arquitekné en su Edición No. 4; me gustaría comenzar por nuestra Federación la FCARM: la cual es una organización que agrupo, coordina y representa los diferentes colegios de arquitectos de México, cuyo propósito es la difusión, promoción y capacitación de los arquitectos de nuestro país.

Cuyo objetivo es promover las buenas prácticas del ejercicio profesional de la arquitectura. Asimismo, colaborar e incidir en el sector público y privado, participando activamente en la creación de políticas y normativas que impacten de manera positiva en el desarrollo urbano y territorial, a través del diálogo con instituciones, empresas y comunicaciones.
Su misión es promover los valores de la práctica de la arquitectura y actividad profesional en los ámbitos Nacional e Internacional de los Arquitectos Mexicanos.
Así como reconocer a los Arquitectos que destaquen significativamente en la práctica profesional, en la actividad gremial y académica ante las dependencias de la administración pública federal y organismos descentralizados, así como ante organismos del sector social y privado.

Tiene como visión el ser un referente de los Arquitectos Mexicanos, comprometidos y solidarios de servir, que dará un impulso renovador a la Federación, trabajando con los agremiados en un conjunto de acciones y programas por el bien común que es la Arquitectura.

Este año no ha sido fácil para la economía mexicana. Mientras algunos indicadores muestran estabilidad, otros encienden alertas sobre los retos que vienen. Las tensiones comerciales, el comportamiento de los mercados internacionales y las decisiones políticas internas han dibujado un panorama lleno de contrastes.

La guerra arancelaria impulsada por Estados Unidos ha sido uno de los principales golpes.

México, altamente dependiente del comercio con su vecino del norte, ha resentido las nuevas tarifas impuestas a sus exportaciones.

El Fondo Monetario Internacional (FMI) ajustó sus pronósticos y ahora anticipa que el PIB mexicano podría contraerse 0.3% este 2025. El Banco de México fue menos pesimista, pero también bajó su expectativa de crecimiento a apenas 0.6%. En ambos casos, la lectura es clara: la economía avanza, pero apenas.

Desde el gobierno, sin embargo, el tono es diferente.

La presidenta Claudia Sheinbaum ha defendido su estrategia económica basada en el fortalecimiento del mercado interno y la apuesta por el T-MEC.

Asegura que el crecimiento real podría oscilar entre 1.5% y 2.3%, desestimando las previsiones más negativas.

Su “Plan México” busca impulsar la producción nacional y aprovechar las ventajas regionales, pero enfrenta la realidad de un entorno internacional incierto.

En el terreno de las finanzas públicas, la situación es relativamente estable. La deuda del país se mantiene controlada, cercana al 51% del PIB, pero los ingresos públicos han sido menores a lo esperado. Esto podría obligar al gobierno a hacer ajustes más adelante, ya sea recortando gasto o buscando nuevos ingresos.

¿Y el futuro?

La respuesta, como casi siempre en economía, no es sencilla. Dependerá de factores externos como la evolución de la guerra comercial, pero también de las decisiones internas para mantener la estabilidad y atraer inversiones.

La Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) publicará en los próximos días nuevas proyecciones que podrían confirmar si México logra sortear este año difícil o si debe prepararse para una recuperación más lenta.

Por ahora, el país camina con cautela, entre la esperanza de un repunte y el riesgo de estancarse.

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