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Durante años, viajar se convirtió en una carrera contra el reloj. Llegar rápido parecía más importante que disfrutar el camino. Sin embargo, una de las tendencias más poderosas del turismo contemporáneo propone exactamente lo contrario: desacelerar. Tomarse el tiempo para mirar por la ventana, conversar, contemplar el paisaje y entender que el trayecto también forma parte de la experiencia.

Así surge el slow travel, una filosofía que reivindica el valor de los desplazamientos pausados y convierte al viaje en un proceso de descubrimiento. En este contexto, los trenes han recuperado un protagonismo especial. Más que un medio de transporte, representan una forma romántica, sostenible y profundamente sensorial de recorrer el mundo.

Cuando el trayecto se vuelve destino

El viaje lento responde a una necesidad creciente de reconectar con el tiempo. Frente a la saturación de itinerarios y la ansiedad por “verlo todo”, cada vez más viajeros prefieren rutas donde el paisaje se contempla sin prisa y la experiencia se saborea con atención.

Viajar en tren permite leer, observar, escribir, dormir o simplemente mirar cómo cambian los escenarios.

Es un regreso a la esencia del viaje: moverse no solo para llegar, sino para sentir.

Trenes que han convertido el trayecto en leyenda

El mundo cuenta con rutas ferroviarias que por sí mismas justifican un viaje:

• Glacier Express (Suiza): atraviesa los Alpes entre montañas nevadas y pueblos de postal.

• Rocky Mountaineer (Canadá): conecta bosques, lagos y cumbres majestuosas.

• Venice Simplon-Orient-Express (Europa): símbolo eterno del glamour ferroviario.

• West Highland Line (Escocia): famosa por los paisajes que inspiraron el universo de Harry Potter.

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• The Ghan (Australia): una travesía épica por el corazón del continente.

México y el romanticismo del ferrocarril

México también ofrece experiencias memorables donde el viaje es protagonista.

El Chepe

La ruta ferroviaria más emblemática del país recorre la Sierra Tarahumara y las impresionantes Barrancas del Cobre, uno de los sistemas de cañones más grandes del mundo. Cada curva revela puentes, túneles y panorámicas espectaculares.

El Tren Maya

Además de su función de conectividad, representa una nueva forma de explorar el sureste mexicano a través de sitios arqueológicos, selvas, pueblos y destinos de playa.

Ferrocarriles turísticos y rutas históricas

Diversas regiones han recuperado el encanto del tren como experiencia cultural y nostálgica.

El viaje lento también es sustentable

El transporte ferroviario puede reducir la huella ambiental respecto a otros medios y favorece una relación más respetuosa con el territorio.

Al mismo tiempo, estimula economías locales y distribuye mejor los beneficios del turismo.

El slow travel privilegia la profundidad sobre la cantidad y la experiencia sobre la velocidad.

Una forma distinta de medir el tiempo. Viajar despacio transforma la percepción.
Las horas dejan de ser un obstáculo y se convierten en parte del placer.

El paisaje, la conversación y el silencio recuperan valor.

En lugar de acumular destinos, el viajero acumula sensaciones.

Donde el camino también cuenta la historia

El regreso del viaje lento demuestra que el trayecto puede ser tan memorable como el lugar de llegada.

Un tren que cruza montañas, un amanecer visto desde la ventana y el ritmo constante de los rieles recuerdan que algunas de las mejores experiencias no ocurren al final del viaje, sino durante él.

Porque hay rutas que no se recorren para llegar más rápido.

Se recorren para recordar que viajar también es aprender a ir despacio.

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08

Les doy la más cordial bienvenida a Revista Arquitekné en su Edición No. 4; me gustaría comenzar por nuestra Federación la FCARM: la cual es una organización que agrupo, coordina y representa los diferentes colegios de arquitectos de México, cuyo propósito es la difusión, promoción y capacitación de los arquitectos de nuestro país.

Cuyo objetivo es promover las buenas prácticas del ejercicio profesional de la arquitectura. Asimismo, colaborar e incidir en el sector público y privado, participando activamente en la creación de políticas y normativas que impacten de manera positiva en el desarrollo urbano y territorial, a través del diálogo con instituciones, empresas y comunicaciones.
Su misión es promover los valores de la práctica de la arquitectura y actividad profesional en los ámbitos Nacional e Internacional de los Arquitectos Mexicanos.
Así como reconocer a los Arquitectos que destaquen significativamente en la práctica profesional, en la actividad gremial y académica ante las dependencias de la administración pública federal y organismos descentralizados, así como ante organismos del sector social y privado.

Tiene como visión el ser un referente de los Arquitectos Mexicanos, comprometidos y solidarios de servir, que dará un impulso renovador a la Federación, trabajando con los agremiados en un conjunto de acciones y programas por el bien común que es la Arquitectura.

Este año no ha sido fácil para la economía mexicana. Mientras algunos indicadores muestran estabilidad, otros encienden alertas sobre los retos que vienen. Las tensiones comerciales, el comportamiento de los mercados internacionales y las decisiones políticas internas han dibujado un panorama lleno de contrastes.

La guerra arancelaria impulsada por Estados Unidos ha sido uno de los principales golpes.

México, altamente dependiente del comercio con su vecino del norte, ha resentido las nuevas tarifas impuestas a sus exportaciones.

El Fondo Monetario Internacional (FMI) ajustó sus pronósticos y ahora anticipa que el PIB mexicano podría contraerse 0.3% este 2025. El Banco de México fue menos pesimista, pero también bajó su expectativa de crecimiento a apenas 0.6%. En ambos casos, la lectura es clara: la economía avanza, pero apenas.

Desde el gobierno, sin embargo, el tono es diferente.

La presidenta Claudia Sheinbaum ha defendido su estrategia económica basada en el fortalecimiento del mercado interno y la apuesta por el T-MEC.

Asegura que el crecimiento real podría oscilar entre 1.5% y 2.3%, desestimando las previsiones más negativas.

Su “Plan México” busca impulsar la producción nacional y aprovechar las ventajas regionales, pero enfrenta la realidad de un entorno internacional incierto.

En el terreno de las finanzas públicas, la situación es relativamente estable. La deuda del país se mantiene controlada, cercana al 51% del PIB, pero los ingresos públicos han sido menores a lo esperado. Esto podría obligar al gobierno a hacer ajustes más adelante, ya sea recortando gasto o buscando nuevos ingresos.

¿Y el futuro?

La respuesta, como casi siempre en economía, no es sencilla. Dependerá de factores externos como la evolución de la guerra comercial, pero también de las decisiones internas para mantener la estabilidad y atraer inversiones.

La Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) publicará en los próximos días nuevas proyecciones que podrían confirmar si México logra sortear este año difícil o si debe prepararse para una recuperación más lenta.

Por ahora, el país camina con cautela, entre la esperanza de un repunte y el riesgo de estancarse.

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