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Hubo un tiempo en que viajar significaba descubrir paisajes, monumentos o sabores. Hoy, una nueva generación de viajeros está levantando la vista y encontrando en el cielo nocturno una experiencia capaz de transformar la manera de recorrer el mundo.

Se trata del astroturismo, una de las tendencias con mayor crecimiento a nivel internacional y una invitación a reconectar con el universo, el silencio y la inmensidad. En un entorno dominado por pantallas, notificaciones y ciudades que nunca se apagan, observar un cielo completamente estrellado se ha convertido en un lujo. El astroturismo responde a esa necesidad contemporánea de asombro y contemplación.

No consiste únicamente en mirar constelaciones; es una experiencia que combina ciencia, naturaleza, bienestar y emoción.

Una tendencia global que gana altura
La búsqueda de destinos con baja contaminación lumínica ha impulsado el desarrollo de observatorios, parques astronómicos y alojamientos especializados en distintas partes del mundo. Lugares como el desierto de Atacama en Chile, Mauna Kea en Hawái, los parques Dark Sky de Estados Unidos y la isla de La Palma en España se han consolidado como referentes internacionales.

La razón es sencilla: pocas experiencias generan tanta perspectiva como contemplar la Vía Láctea en un entorno de absoluto silencio. Para muchos viajeros, observar el cielo se ha convertido en una forma de meditación y una poderosa recordación de nuestra dimensión en el universo.

México: un país privilegiado para mirar las estrellas

México cuenta con condiciones excepcionales para el astroturismo. Su diversidad geográfica y la existencia de vastas zonas naturales poco intervenidas permiten disfrutar de cielos extraordinariamente nítidos.

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Entre los destinos más recomendables destacan:

• Sierra de San Pedro Mártir, Baja California, considerada uno de los mejores cielos del hemisferio norte.

• Peña de Bernal, Querétaro, ideal para escapadas cortas con observación guiada.

• Real de Catorce, San Luis Potosí, donde el desierto y el misticismo potencian la experiencia.

• Reserva de la Biósfera El Pinacate, Sonora, con paisajes volcánicos y cielos espectaculares.

• Sierra Gorda, Querétaro, que combina biodiversidad y observación astronómica.

• Valle de Guadalupe, Baja California, donde vino y estrellas conviven en perfecta armonía.

Cuando la noche también genera turismo

El astroturismo representa una oportunidad estratégica para comunidades rurales y destinos de naturaleza.

Al ampliar las actividades hacia la noche, incrementa la estadía de los visitantes y diversifica la derrama económica.

Hoteles, glampings, guías especializados y observatorios locales encuentran en esta tendencia una nueva fuente de ingresos sustentables, particularmente atractiva para viajeros con alto interés en experiencias auténticas y educativas.

Tecnología y contemplación

Hoy, aplicaciones móviles permiten identificar planetas y constelaciones en tiempo real, mientras telescopios portátiles y experiencias guiadas hacen la astronomía más accesible que nunca. Sin embargo, el verdadero valor del astroturismo no está en la tecnología, sino en la experiencia humana.

Apagar el teléfono, guardar silencio y observar miles de estrellas produce una sensación difícil de describir.

Es un recordatorio de que, aun en un mundo acelerado, todavía existen espacios para el asombro.

El nuevo lujo es mirar hacia arriba

En la industria turística, el lujo contemporáneo ya no se define únicamente por exclusividad material, sino por la posibilidad de vivir experiencias profundas y memorables. Y pocas son tan poderosas como contemplar un cielo oscuro, limpio y lleno de estrellas.

El astroturismo nos enseña que el universo siempre ha estado ahí, esperando nuestra atención.

Porque a veces, para descubrir nuevos mundos, basta con levantar la mirada.

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Les doy la más cordial bienvenida a Revista Arquitekné en su Edición No. 4; me gustaría comenzar por nuestra Federación la FCARM: la cual es una organización que agrupo, coordina y representa los diferentes colegios de arquitectos de México, cuyo propósito es la difusión, promoción y capacitación de los arquitectos de nuestro país.

Cuyo objetivo es promover las buenas prácticas del ejercicio profesional de la arquitectura. Asimismo, colaborar e incidir en el sector público y privado, participando activamente en la creación de políticas y normativas que impacten de manera positiva en el desarrollo urbano y territorial, a través del diálogo con instituciones, empresas y comunicaciones.
Su misión es promover los valores de la práctica de la arquitectura y actividad profesional en los ámbitos Nacional e Internacional de los Arquitectos Mexicanos.
Así como reconocer a los Arquitectos que destaquen significativamente en la práctica profesional, en la actividad gremial y académica ante las dependencias de la administración pública federal y organismos descentralizados, así como ante organismos del sector social y privado.

Tiene como visión el ser un referente de los Arquitectos Mexicanos, comprometidos y solidarios de servir, que dará un impulso renovador a la Federación, trabajando con los agremiados en un conjunto de acciones y programas por el bien común que es la Arquitectura.

Este año no ha sido fácil para la economía mexicana. Mientras algunos indicadores muestran estabilidad, otros encienden alertas sobre los retos que vienen. Las tensiones comerciales, el comportamiento de los mercados internacionales y las decisiones políticas internas han dibujado un panorama lleno de contrastes.

La guerra arancelaria impulsada por Estados Unidos ha sido uno de los principales golpes.

México, altamente dependiente del comercio con su vecino del norte, ha resentido las nuevas tarifas impuestas a sus exportaciones.

El Fondo Monetario Internacional (FMI) ajustó sus pronósticos y ahora anticipa que el PIB mexicano podría contraerse 0.3% este 2025. El Banco de México fue menos pesimista, pero también bajó su expectativa de crecimiento a apenas 0.6%. En ambos casos, la lectura es clara: la economía avanza, pero apenas.

Desde el gobierno, sin embargo, el tono es diferente.

La presidenta Claudia Sheinbaum ha defendido su estrategia económica basada en el fortalecimiento del mercado interno y la apuesta por el T-MEC.

Asegura que el crecimiento real podría oscilar entre 1.5% y 2.3%, desestimando las previsiones más negativas.

Su “Plan México” busca impulsar la producción nacional y aprovechar las ventajas regionales, pero enfrenta la realidad de un entorno internacional incierto.

En el terreno de las finanzas públicas, la situación es relativamente estable. La deuda del país se mantiene controlada, cercana al 51% del PIB, pero los ingresos públicos han sido menores a lo esperado. Esto podría obligar al gobierno a hacer ajustes más adelante, ya sea recortando gasto o buscando nuevos ingresos.

¿Y el futuro?

La respuesta, como casi siempre en economía, no es sencilla. Dependerá de factores externos como la evolución de la guerra comercial, pero también de las decisiones internas para mantener la estabilidad y atraer inversiones.

La Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) publicará en los próximos días nuevas proyecciones que podrían confirmar si México logra sortear este año difícil o si debe prepararse para una recuperación más lenta.

Por ahora, el país camina con cautela, entre la esperanza de un repunte y el riesgo de estancarse.

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