Es un movimiento que surge como iniciativa de reconocimiento social hacia la arquitectura del siglo XX, un patrimonio que con frecuencia ha sido subvalorado o incluso ignorado tanto por la sociedad como por las instituciones gubernamentales, por ello se debe hacer énfasis en que es una iniciativa social.
Debido a que muchas de estas obras arquitectónicas cuentan con una protección legal limitada y a la falta de conocimiento sobre su valor, numerosas edificaciones de este periodo han desaparecido y otras se encuentran en riesgo de desaparecer.
En nuestra ciudad cabe mencionar ejemplos como la Central Camionera, casas habitación de la Col. Cuauhtémoc y de San Felipe, Escuelas como la Práxedis Guerrero, o desfiguraciones como el Centro de Salud y los edificios originales del Campus I de la UACH.
Ante esta situación, el observatorio tiene como propósito hacer visible y revalorar este legado arquitectónico, resaltando su importancia histórica, cultural y estética, así como la necesidad de preservarlo. A diferencia de la arquitectura de épocas más antiguas, que generalmente goza de mayor reconocimiento, la arquitectura del siglo XX suele percibirse únicamente como “vieja” o “pasada de moda”, calificativos que no reflejan su verdadero significado ni su aporte al desarrollo cultural.
El valor del patrimonio arquitectónico no depende exclusivamente de su antigüedad, sino de su capacidad para reforzar la identidad colectiva, testimoniar una época y transmitir conocimientos y valores a las generaciones futuras. En este sentido, el Observatorio busca consolidarse como una referencia y una influencia social que permita visibilizar la arquitectura del siglo XX y situarla dentro del debate público, promoviendo la sensibilización de la sociedad respecto a su relevancia y al papel que desempeña dentro de la dinámica de nuestra historia y nuestra cultura.
¿Qué es el Observatorio Arquitectónico FCARM?
El Observatorio Arquitectónico FCARM representa una convocatoria dirigida a la ciudadanía, así como a arquitectas y arquitectos, para que asuman el papel de defensores, guardianes y testigos del patrimonio arquitectónico presente, actuando en las ciudades donde existen colegios de arquitectos federados, es decir, que sean miembros de la Federación de Colegios de Arquitectos de la República Mexicana. Su objetivo es identificar y valorar la cultura arquitectónica a través de la reflexión y del reconocimiento de aquellos valores que caracterizan y representan una determinada época.
Este programa de la FCARM parte de la premisa de proteger y difundir edificaciones históricas que enfrentan algún tipo de riesgo, promoviendo su reconocimiento social y cultural. Para ello se apoya en la colocación de una placa conmemorativa, la cual señala la temporalidad, el origen y la relevancia del inmueble.
A la fecha se han colocado 24 placas en diversas ciudades del país y no solo esto, gracias a esos llamados se han logrado librar de la demolición alrededor de una docena de edificios. Referente al estado de Chihuahua se han colocado tres placas: En Ciudad Juárez en el auditorio del INBA, ubicado dentro de lo que fue aquel gran conjunto arquitectónico del PRONAF, construido a mediados de la década de 1960. Otra de las placas se ha colocado en la emblemática escuela Niños Héroes en Chihuahua capital, que es representativa de la calidad arquitectónica de las escuelas públicas antes de la creación del CAPFCE.
Una tercera placa se tiene programada colocar en el Seminario de la Asunción de María, en esta misma ciudad, el edificio conocido como Seminario Mayor.
Celebremos y felicitemos esta magnifica iniciativa cuyo lema “Protegiendo los saberes arquitectónicos” va a hacer un gran llamado a la conciencia ciudadana para la protección de un patrimonio que a la fecha es muy poco valorado, pero que, de este momento a mediados de siglo, estemos seguros que habrá una visión diferente.
Les doy la más cordial bienvenida a Revista Arquitekné en su Edición No. 4; me gustaría comenzar por nuestra Federación la FCARM: la cual es una organización que agrupo, coordina y representa los diferentes colegios de arquitectos de México, cuyo propósito es la difusión, promoción y capacitación de los arquitectos de nuestro país.
Cuyo objetivo es promover las buenas prácticas del ejercicio profesional de la arquitectura. Asimismo, colaborar e incidir en el sector público y privado, participando activamente en la creación de políticas y normativas que impacten de manera positiva en el desarrollo urbano y territorial, a través del diálogo con instituciones, empresas y comunicaciones.
Su misión es promover los valores de la práctica de la arquitectura y actividad profesional en los ámbitos Nacional e Internacional de los Arquitectos Mexicanos.
Así como reconocer a los Arquitectos que destaquen significativamente en la práctica profesional, en la actividad gremial y académica ante las dependencias de la administración pública federal y organismos descentralizados, así como ante organismos del sector social y privado.
Tiene como visión el ser un referente de los Arquitectos Mexicanos, comprometidos y solidarios de servir, que dará un impulso renovador a la Federación, trabajando con los agremiados en un conjunto de acciones y programas por el bien común que es la Arquitectura.
Este año no ha sido fácil para la economía mexicana. Mientras algunos indicadores muestran estabilidad, otros encienden alertas sobre los retos que vienen. Las tensiones comerciales, el comportamiento de los mercados internacionales y las decisiones políticas internas han dibujado un panorama lleno de contrastes.
La guerra arancelaria impulsada por Estados Unidos ha sido uno de los principales golpes.
México, altamente dependiente del comercio con su vecino del norte, ha resentido las nuevas tarifas impuestas a sus exportaciones.
El Fondo Monetario Internacional (FMI) ajustó sus pronósticos y ahora anticipa que el PIB mexicano podría contraerse 0.3% este 2025. El Banco de México fue menos pesimista, pero también bajó su expectativa de crecimiento a apenas 0.6%. En ambos casos, la lectura es clara: la economía avanza, pero apenas.
Desde el gobierno, sin embargo, el tono es diferente.
La presidenta Claudia Sheinbaum ha defendido su estrategia económica basada en el fortalecimiento del mercado interno y la apuesta por el T-MEC.
Asegura que el crecimiento real podría oscilar entre 1.5% y 2.3%, desestimando las previsiones más negativas.
Su “Plan México” busca impulsar la producción nacional y aprovechar las ventajas regionales, pero enfrenta la realidad de un entorno internacional incierto.
En el terreno de las finanzas públicas, la situación es relativamente estable. La deuda del país se mantiene controlada, cercana al 51% del PIB, pero los ingresos públicos han sido menores a lo esperado. Esto podría obligar al gobierno a hacer ajustes más adelante, ya sea recortando gasto o buscando nuevos ingresos.
¿Y el futuro?
La respuesta, como casi siempre en economía, no es sencilla. Dependerá de factores externos como la evolución de la guerra comercial, pero también de las decisiones internas para mantener la estabilidad y atraer inversiones.
La Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) publicará en los próximos días nuevas proyecciones que podrían confirmar si México logra sortear este año difícil o si debe prepararse para una recuperación más lenta.
Por ahora, el país camina con cautela, entre la esperanza de un repunte y el riesgo de estancarse.