En cuanto a los materiales, el diseño de los edificios debe procurar que estos procedan de procesos de fabricación que no afecten al medio ambiente, mediante la eliminación total de las emisiones de carbono y los residuos, la conservación de los recursos naturales, el uso de materiales sostenibles, techos verdes, materiales con bajo o nulo contenido en compuestos orgánicos volátiles, paneles metálicos altamente aislantes, vidrio de alto rendimiento con revestimiento de baja emisividad, vidrio al vacío, techos fotovoltaicos transparentes con un 15 % de transmisión de luz y sistemas ultraligeros que combinan varias funciones en un solo componente, como el revestimiento, el aislamiento y la estructura.
En cuanto al software, el diseño de los edificios debe explorar el software Ecotect, el software CFD y la simulación integrada del entorno para analizar las posibles ganancias de energía procedentes del sol.
En cuanto a las políticas, el diseño de los edificios debe aspirar a lo siguiente: incentivos fiscales para los edificios energéticamente eficientes centrados en la iluminación, la mecánica, la envolvente y las normas de ahorro energético. En cuanto a nuestra forma de vida, el diseño de los edificios debe aspirar a lo siguiente: urbanismo sostenible, transporte sostenible, preservación de la cultura y el patrimonio locales, equidad y comercio justo, salud y felicidad, y alimentación local y sostenible.
Por último, en términos de ecología en general, el diseño de los edificios debe aspirar a lo siguiente: preservación de los hábitats naturales y la vida silvestre, recogida y tratamiento de agua de lluvia, almacenamiento de agua para riego, reciclaje de aguas grises y emplazamientos permeables.
Estos elementos se unen en el diseño de un edificio que puede considerarse bello por cumplir los criterios anteriores. Es en este contexto donde debe situarse la estética de lo sostenible. En última instancia, este enfoque sostenible del diseño y la construcción debería reducir el coste de los edificios, en lugar de convertirse en una característica definitoria de un modo de vida solo al alcance de los miembros más ricos de la sociedad. En este sentido, la estética de lo sostenible debería apoyar una vida asequible para la humanidad en su conjunto. Y, en este sentido, sería una estética basada en la universalidad de muchos, en contraposición a la de unos pocos. Al mismo tiempo, estas estructuras deben satisfacer el deseo centenario de crear espacios en los que nuestros sentidos trasciendan lo físico hacia lo metafísico, casi de forma inconsciente. Son lugares donde la forma y el espacio penetran en nuestra psique con las múltiples formas de lo psicológico.
Una variante importante del brutalismo mexicano, es que se prefirió martelinar (martillar) la superficie de muros, trabes, vigas, columnas o pilares, dando una novedosa textura que pronto se popularizó en todo el país ( en lugar de exhibir las marcas de la cimbra).
Como los muros de concreto son más costosos que los que se hacen de ladrillos de barro cocido (no propios de la península de Yucatán) o block de gravilla y cemento, pronto surgió la modalidad de aplanar con mortero de manera rústica, apenas usando una regla para conseguir los muros a plomo; a veces agregando grava al mortero para obtener un máximo acabado rústico, o bien usando llanas con dientes para lograr aplanados estriados.
En el caso de la arquitectura cancunense de los años setentas y ochentas, los arquitectos, se enfrentaron a muchas limitaciones de mercado (no había grandes tiendas de acabados y recubrimientos) por lo que la tendencia brutalista fue una estética muy recurrente para edificar Cancún.
Espero que esta información les sirva para comprender mejor nuestro patrimonio edificado en todo México y particularmente en la zona fundacional de Cancún.