Marzo es el mes en el que conmemoramos el Día Internacional de la Mujer Trabajadora. Nos trae a la memoria el sacrificio de aquellas que lucharon por mejores condiciones laborales y se sacrificaron para que nosotras podamos gozar de las libertades y derechos que tenemos hoy en día: trabajar, votar, estudiar, decidir por una misma.
Pero la historia siempre nos recuerda y hace justicia para no olvidarnos de quienes estuvieron antes que nosotras. ¿Quiénes fueron las primeras arquitectas especialistas en temas urbanos, de paisaje y de diseño a lo largo de la historia? ¿Quiénes hicieron los primeros trazos y se atrevieron a romper con esquemas rígidos para abrirse paso en un mundo dominado por hombres?.
A lo largo de los siglos, la narrativa tiende a excluir a figuras importantes porque ese no era el rol ni el mundo al que la mujer pertenecía. Sin embargo, el don, la habilidad, la destreza, la aptitud y el ingenio siempre estuvieron presentes en cada época y en cada mujer que se atrevió a desafiar y a tomar la autoridad de un cargo.
Si nos remontamos en el tiempo, en el siglo XVI encontramos el primer indicio de una mujer a cargo de la dirección y supervisión de una obra arquitectónica, antes de que se licenciara la arquitectura como una profesión. Se trata de Katherine Briçonnet, una noble francesa casada con Thomas Bohier. Tras adquirir un castillo en ruinas del siglo XIII, Katherine supervisó la construcción y se involucró profundamente en el diseño arquitectónico y la restauración mientras su esposo cumplía misiones de guerra. El Castillo de Chenonceau, conocido como el “Castillo de las Damas”, es hoy una de las obras más emblemáticas del Renacimiento francés. La escalera recta fue una innovación para la época, con la iluminación abierta como premisa y el río Cher como remate visual. La disposición de las torres y los salones fue propuesta por Briçonnet; de hecho, la frase “S’il vient à point, me souviendra” (Si logro construirlo, seré recordada) aún se puede ver en la puerta de acceso. Su influencia trascendió al grado de que solo mujeres habitaron el castillo y sus remodelaciones posteriores estuvieron a cargo de figuras destacadas como Catalina de Médicis. Hoy, Chenonceau es Patrimonio Mundial de la UNESCO.
Continuando esta cronología hacia el siglo XVII, nos encontramos con Plautilla Bricci, la primera mujer en ostentar el reconocimiento de arquitecta en su tiempo. Proveniente de una familia de artistas, su padre impulsó su talento. Gracias a las importantes relaciones de su familia, le confiaron obras que le valieron fama, como la Villa Benedetti, la Capilla de San Luis y el Palacio Testa-Piccolomini en Roma. Según cuenta la historia, su hermano —también arquitecto— aparecía a menudo como responsable, pues no era común que una mujer liderara proyectos. Investigaciones actuales han descubierto que la mente maestra detrás de cada proyecto era Plautilla. En pleno esplendor del barroco romano, ella luchó para que se le reconociera el título de Architettrice (arquitectriz), validando así su estatus profesional.
Dos siglos después, surge el registro de la primera mujer licenciada y miembro de asociaciones como la WAA (Western Association of Architects) y la AIA (American Institute of Architects). Louise Blanchard Bethune (1856-1913) luchó incansablemente por la equidad de género, defendiendo la igualdad de salarios y honorarios profesionales. Un ícono del feminismo en la arquitectura y modelo a seguir en el siglo XX, diseñó edificios públicos, industriales y educativos, como el Salón de la Música Elmwood y el Hotel Lafayette, uno de los pocos de sus trabajos que aún se mantiene en pie. Casi a la par, nos encontramos con un ícono del paisaje: Beatrix Farrand. Única mujer miembro fundador de la ASLA (American Society of Landscape Architects), elevó el diseño de jardines a una disciplina técnica cuando se pensaba que la jardinería era solo “cuidar flores”. Con estudios en botánica, ingeniería y topografía, apostaba por el diseño práctico, resiliente y estético. Utilizaba las plantas como unidades de color estratégicas, logrando una atmósfera que recordaba al impresionismo francés bajo una lógica de mantenimiento simplificado. Entre sus obras destacan los jardines de las universidades de Princeton y Yale, así como la imponente finca Dumbarton Oaks. Como dato curioso, rediseñó el jardín de rosas de la Casa Blanca en 1913, del cual queda poco rastro tras la reestructuración de los años 60. Beatrix creía en el paisaje como un servicio a la comunidad y no como un monumento al ego propio.
Ellas comenzaron un trazo que hoy continúa y se vuelve infinito; un cimiento sobre el cual construimos nuestra práctica profesional. Desde la que se inventó un término para ser reconocida, hasta las arquitectas con una carrera consagrada al día de hoy, estas son algunas de las figuras que no podemos borrar de la memoria histórica. El talento femenino no es una novedad, son solo historias que no habían sido contadas. Y, citando a Sofía Segovia: “La historia que no se cuenta, se descuenta”.
Les doy la más cordial bienvenida a Revista Arquitekné en su Edición No. 4; me gustaría comenzar por nuestra Federación la FCARM: la cual es una organización que agrupo, coordina y representa los diferentes colegios de arquitectos de México, cuyo propósito es la difusión, promoción y capacitación de los arquitectos de nuestro país.
Cuyo objetivo es promover las buenas prácticas del ejercicio profesional de la arquitectura. Asimismo, colaborar e incidir en el sector público y privado, participando activamente en la creación de políticas y normativas que impacten de manera positiva en el desarrollo urbano y territorial, a través del diálogo con instituciones, empresas y comunicaciones.
Su misión es promover los valores de la práctica de la arquitectura y actividad profesional en los ámbitos Nacional e Internacional de los Arquitectos Mexicanos.
Así como reconocer a los Arquitectos que destaquen significativamente en la práctica profesional, en la actividad gremial y académica ante las dependencias de la administración pública federal y organismos descentralizados, así como ante organismos del sector social y privado.
Tiene como visión el ser un referente de los Arquitectos Mexicanos, comprometidos y solidarios de servir, que dará un impulso renovador a la Federación, trabajando con los agremiados en un conjunto de acciones y programas por el bien común que es la Arquitectura.
Este año no ha sido fácil para la economía mexicana. Mientras algunos indicadores muestran estabilidad, otros encienden alertas sobre los retos que vienen. Las tensiones comerciales, el comportamiento de los mercados internacionales y las decisiones políticas internas han dibujado un panorama lleno de contrastes.
La guerra arancelaria impulsada por Estados Unidos ha sido uno de los principales golpes.
México, altamente dependiente del comercio con su vecino del norte, ha resentido las nuevas tarifas impuestas a sus exportaciones.
El Fondo Monetario Internacional (FMI) ajustó sus pronósticos y ahora anticipa que el PIB mexicano podría contraerse 0.3% este 2025. El Banco de México fue menos pesimista, pero también bajó su expectativa de crecimiento a apenas 0.6%. En ambos casos, la lectura es clara: la economía avanza, pero apenas.
Desde el gobierno, sin embargo, el tono es diferente.
La presidenta Claudia Sheinbaum ha defendido su estrategia económica basada en el fortalecimiento del mercado interno y la apuesta por el T-MEC.
Asegura que el crecimiento real podría oscilar entre 1.5% y 2.3%, desestimando las previsiones más negativas.
Su “Plan México” busca impulsar la producción nacional y aprovechar las ventajas regionales, pero enfrenta la realidad de un entorno internacional incierto.
En el terreno de las finanzas públicas, la situación es relativamente estable. La deuda del país se mantiene controlada, cercana al 51% del PIB, pero los ingresos públicos han sido menores a lo esperado. Esto podría obligar al gobierno a hacer ajustes más adelante, ya sea recortando gasto o buscando nuevos ingresos.
¿Y el futuro?
La respuesta, como casi siempre en economía, no es sencilla. Dependerá de factores externos como la evolución de la guerra comercial, pero también de las decisiones internas para mantener la estabilidad y atraer inversiones.
La Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) publicará en los próximos días nuevas proyecciones que podrían confirmar si México logra sortear este año difícil o si debe prepararse para una recuperación más lenta.
Por ahora, el país camina con cautela, entre la esperanza de un repunte y el riesgo de estancarse.