Para mí, el Arte y la Arquitectura no son disciplinas separadas, sino manifestaciones distintas de un mismo impulso humano: la necesidad de crear significado a través del espacio, la forma y la emoción.
Desde mis primeros acercamientos al dibujo y al grafiti entendí que la expresión artística es una manera de dialogar con el mundo. El trazo sobre un muro, una pintura sobre un lienzo o una escultura en el espacio público tienen algo en común: todos son intentos de traducir ideas, experiencias y sentimientos en un lenguaje visual que pueda ser compartido con los demás.
La Arquitectura, en ese sentido, es quizá una de las formas más complejas y completas de expresión artística. No solo se observa; se habita, se recorre y se experimenta. A diferencia de otras artes, la arquitectura tiene la capacidad de influir directamente en la vida cotidiana de las personas, en su manera de relacionarse con el entorno y en la forma en que una ciudad construye su identidad.
Desde mi perspectiva, Arte y Arquitectura deben concebirse como una misma esencia creativa. Cuando se integran verdaderamente, dejan de ser únicamente una construcción o una obra visual para convertirse en *experiencias*. Diseñar arquitectura se vuelve entonces un ejercicio de composición sensible donde el espacio, la luz, la textura, la escala y el movimiento de las personas se combinan para generar una experiencia integral.
En ese proceso, cada proyecto se transforma en una especie de *cóctel de emociones y percepciones*, donde intervienen todos los sentidos.
La Arquitectura puede provocar calma, introspección, sorpresa, contemplación o encuentro.
Un muro puede transmitir fuerza o silencio; la luz natural puede crear atmósferas que cambian con el paso del día; los materiales pueden despertar memorias táctiles y sensoriales.
Cuando estos elementos se equilibran correctamente, el espacio deja de ser solamente funcional y se convierte en una experiencia viva. Es entonces cuando arquitectura y arte se fusionan en un mismo lenguaje: un lenguaje que no solo se entiende con la razón, sino también con la sensibilidad.
En mi experiencia personal, disciplinas como el muralismo, la escultura o incluso la música han enriquecido mi forma de entender la arquitectura. Cada una de ellas aporta una sensibilidad distinta hacia el ritmo, la composición y la narrativa visual. Cuando estos lenguajes se integran al pensamiento arquitectónico, el resultado es una obra más humana, más sensible y más conectada con quienes la viven.
Creo firmemente que el arte dentro de la arquitectura cumple una función esencial: recordar que las ciudades no están hechas solo de concreto y acero, sino también de historias, emociones y símbolos compartidos.
Por ello, cada vez que diseño, dibujo o intervengo un espacio, intento mantener presente la misma intención que me acompañó desde niño: utilizar la creatividad como una herramienta para transformar el entorno, provocar reflexión y aportar belleza al espacio común. Porque al final, tanto el arte como la arquitectura tienen un propósito profundo: *crear experiencias que despierten los sentidos, generen emociones y dejen una huella en la memoria colectiva.
Les doy la más cordial bienvenida a Revista Arquitekné en su Edición No. 4; me gustaría comenzar por nuestra Federación la FCARM: la cual es una organización que agrupo, coordina y representa los diferentes colegios de arquitectos de México, cuyo propósito es la difusión, promoción y capacitación de los arquitectos de nuestro país.
Cuyo objetivo es promover las buenas prácticas del ejercicio profesional de la arquitectura. Asimismo, colaborar e incidir en el sector público y privado, participando activamente en la creación de políticas y normativas que impacten de manera positiva en el desarrollo urbano y territorial, a través del diálogo con instituciones, empresas y comunicaciones.
Su misión es promover los valores de la práctica de la arquitectura y actividad profesional en los ámbitos Nacional e Internacional de los Arquitectos Mexicanos.
Así como reconocer a los Arquitectos que destaquen significativamente en la práctica profesional, en la actividad gremial y académica ante las dependencias de la administración pública federal y organismos descentralizados, así como ante organismos del sector social y privado.
Tiene como visión el ser un referente de los Arquitectos Mexicanos, comprometidos y solidarios de servir, que dará un impulso renovador a la Federación, trabajando con los agremiados en un conjunto de acciones y programas por el bien común que es la Arquitectura.
Este año no ha sido fácil para la economía mexicana. Mientras algunos indicadores muestran estabilidad, otros encienden alertas sobre los retos que vienen. Las tensiones comerciales, el comportamiento de los mercados internacionales y las decisiones políticas internas han dibujado un panorama lleno de contrastes.
La guerra arancelaria impulsada por Estados Unidos ha sido uno de los principales golpes.
México, altamente dependiente del comercio con su vecino del norte, ha resentido las nuevas tarifas impuestas a sus exportaciones.
El Fondo Monetario Internacional (FMI) ajustó sus pronósticos y ahora anticipa que el PIB mexicano podría contraerse 0.3% este 2025. El Banco de México fue menos pesimista, pero también bajó su expectativa de crecimiento a apenas 0.6%. En ambos casos, la lectura es clara: la economía avanza, pero apenas.
Desde el gobierno, sin embargo, el tono es diferente.
La presidenta Claudia Sheinbaum ha defendido su estrategia económica basada en el fortalecimiento del mercado interno y la apuesta por el T-MEC.
Asegura que el crecimiento real podría oscilar entre 1.5% y 2.3%, desestimando las previsiones más negativas.
Su “Plan México” busca impulsar la producción nacional y aprovechar las ventajas regionales, pero enfrenta la realidad de un entorno internacional incierto.
En el terreno de las finanzas públicas, la situación es relativamente estable. La deuda del país se mantiene controlada, cercana al 51% del PIB, pero los ingresos públicos han sido menores a lo esperado. Esto podría obligar al gobierno a hacer ajustes más adelante, ya sea recortando gasto o buscando nuevos ingresos.
¿Y el futuro?
La respuesta, como casi siempre en economía, no es sencilla. Dependerá de factores externos como la evolución de la guerra comercial, pero también de las decisiones internas para mantener la estabilidad y atraer inversiones.
La Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) publicará en los próximos días nuevas proyecciones que podrían confirmar si México logra sortear este año difícil o si debe prepararse para una recuperación más lenta.
Por ahora, el país camina con cautela, entre la esperanza de un repunte y el riesgo de estancarse.